Tomado de https://www.facebook.com/cyberduende?ref=bookmarks

Los juegos infantiles son una interesante fuente de conocimiento para pensar en las formas en que pensamos y generamos las ideas y los conocimientos humanos. Y siendo que hay juegos espontáneos que surgen según el momento y la particularidad de los jugadores, hay otros que se establecen como prácticas sociales y marcan los tiempos comunes de la infancia. Lejos de ordenadores y redes sociales, de la impresionante industria lúdica en torno a la interactividad y los juegos virtuales (Y sus clasificaciones), que además rompe con el mito de que los grandes “no juegan” -Ya que no solo en el diseño de los juegos los programadores jóvenes y no tanto saben y producen para un mercado muy amplio en edades-, nuestra generación fue una generación que comenzó con esos mix entre los juegos sociales bien antiguos (La escondida, la mancha, la rayuela), con esos otros que formaban parte del comienzo de la gigantesca industria de productos lúdicos. Estos juegos, tanto los sociales como los de producción industrial, son productos, como el resultado final de algún acto creativo humano, y determinan en buena medida como nos disponemos a utilizar nuestros cerebros para desarrollarnos humanos conscientes e ir adquiriendo deberes y responsabilidades, pero también derechos y capacidades para ejercer valores como la libertad y la justicia. EL cerebro humano es un órgano maravilloso y quizá el más misterioso y menos conocido de toda la biología humana por tanto contenedor de tanto potencial como de tanto límite para ser humanos vitales, conscientes, capaces de optar y tomar decisiones que afectan no solo a nosotros como individuos y a los colectivos de los que formamos parte, sino y también, influir sobre la construcción social de “lo humano” como una especie más, habitantes de este entorno común que se nos ofrece: El planeta tierra. Esos juegos infantiles son una de las herramientas que, desde antes de la etapa escolar o de jardín, se nos ofrecen instrumentos para explorar nuestras capacidades cerebrales y explorar todo lo que nos rodea alimentando y descubriendo cada una de nuestras potencialidades sensibles y sensoriales. Desde temprana edad, los corralitos como limitantes de los espacios en los que se nos está permitido esa actividad investigativa incipiente, pero innata e instintiva, parte mismo de nuestro estar siendo, incluso antes de dar nuestros primeros pasos de manera independiente, signan las formas en que el cerebro interactúa con su medio y elabora los metodos para conocer. Dentro de él los jueguetes llenan de sonidos y colores nuestras primeras experiencias, pero no nos alcanza porque aquello que llama nuestra atención va irremediablemente a ser tocado, olido o saboreado. EL bebe pretende de entrada desarrollar todos sus sentidos. Nuestra cultura eminentemente audiovisual, somete y reprime las experiencias del tacto, de los olores y los sabores. Es uno de esos primeros imperativos de las madres y los padres ese -¡No te lleves eso a la boca! ¡Es feo! ¡Basura! ¡Caca!. Es el comienzo de nuestra educación. En este punto es interesante reformular algunos conceptos que, ya de grandes, aceptamos como verdades comunes sin reflexionar más profundamente. La importancia de la educación. ES que es impensado un individuo desprovisto de contención y cuidados, por tanto carente de normas y de límites impuestos que no siempre son verdaderamente protectores y cuidadores de esa nueva vida, sino más bien transmisores de formas culturales represivas, jerarquizadas y valorizadas de acuerdo a mentalidades pre-existentes, históricas y culturales. Esto es, la educación viene moldeada por una mentalidad. Una forma de abordar los contenidos que, como conocimiento, se han aprendido de generaciones anteriores y se aceptan como buenos y necesarios en la mayoría de los casos, sin pensamiento crítico, sin dudas. Sin cuestionarnos su validez y su importancia. Entonces estaría bueno comenzar a pensar ¿Cómo pensamos? ¿Y porque pensamos como pensamos? Y no solamente en un sentido de los contenidos valorizados y de las formas, sino en las matrices de pensamiento que construimos para ello. En los moldes y las metodologías que creamos para colocar lo dentro y lo fuera de un pensamiento “sano” “racional” “humano” como categorías constructivas que lo definen, lo moldean y le provee contenidos psicológicos y actitudinales. Les da las razones para actuar de esos modos y hace que el cerebro actué de acuerdo a ello. ¿Y si fuera posible hacer que nuestro cerebro funcionará de otras maneras? ¿Construyera otras lógicas y otras formas de ordenar los conocimientos, de jerarquizarlos y valorarlos? ¿Si se pudiese elaborar otras formas de entender como pensamos y modificarlas? Volviendo al tema de los juegos , recuerdo uno que particularmente despertó en mi la inquietud por el saber y el conocimiento. Un rudimentario juego que anticipaba los desarrollos informáticos y que consistía en circuitos electrónicos simples que unían preguntas y respuestas con un led que se encendía ante la única respuesta correcta posible: “El cerebro mágico” era su nombre. Sobre ese circuito se apoyaban cartulinas impresas con Preguntas y respuestas. Venían con colores y cada color representaba una rama de conocimiento: Matemática, lengua, Biología, astronomía, arqueología, etc. etc. etc. y dos diodos, uno para la pregunta y otro para la respuesta permitía que cuando se apoyaban correctamente la pregunta con la respuesta acertada, se encendiese la luz del “cerebro mágico” que estaba en la parte superior, indicando el acierto. Si la luz no aparecía, el resultado era incorrecto. Se podría hablar mucho de todo lo que este tipo de “juego” encierra en cuanto a la forma de comprender la ciencia y la tecnología y como esta viene condicionada de estas y de otras muchas formas, desde nuestras edades más tempranas. Otros juegos más “populares” signan los mismos sentidos constructivos de nuestras mentes y de cómo hacemos funcionar nuestro cerebro. La mentalidad constructiva de nuestros pensamientos como bloque de adición quedaban perfectamente expuestos en aquellos “Mis Ladrillos” o “rasti” o el menos popular “mecáno” o uno anterior que estimulaba el trabajo de ingeniero civil o arquitecto o constructor “mi casita” que consistía en una base de madera cubierta de cuadraditos perforados y un conjunto de varillas de madera que encastraban en estas y con piezas laterales en colores que dibujaban ventanas, puertas, techos y paredes, donde vos podías diseñar tu propia mansión de varios pisos de alto e inmuerables habitaciones y decidir si colocar jardines, patios o terrazas con balcones. La idea de las partes para formar un todo. De la construcción como mentalidad de todo lo que el hombre hace o crea está señalada desde nuestros primeros juegos infantiles. También las divisiones de género, raza, roles sociales, está marcada por cada uno de estos juegos y juguetes. En los sociales estaba perfectamente claro que juegos eran de nenas, cuales los de nenes y cuales los que podían ser compartidos, donde además, casi siempre, el rol predominante lo tenían los nenes. Lo mismo en cuanto a las profesiones y los roles sociales, actividades o trabajo. Se estimulaba siempre la solidaridad o el servicio. ¿Quién no tuvo entre sus manos algún camioncito de bombero o ambulancia –Los niños-, alguna muñequita de enfermera – Las niñas- ? Lo “unisex” primero en las vestimentas adolescentes y después en los juguetes comenzó a cambiar la mentalidad colectiva en torno a las comprensiones sociales acerca de la división de género y lo que esto suponía como rol “natural” que en realidad resulta ser más imposición cultural y social. Sería muy difícil precisar si lo uno es anterior a lo otro, pero las modas signan las mentalidades y las modas en los juguetes también. Tanto que estas formas de plantear el conocimiento acerca del género y de la consciencia sexuada de lo humano, hoy aparece como derechos ganados por colectivos que experimentan otro tipo de sexualidad que la “estereotipada” por la costumbre, la cultura y una forma de crear conocimiento sujeta y determinada por esas “mentalidades” pre-existentes que en los juegos quedan evidenciadas. Entre los elementos genéricos que podemos detectar más o menos fácilmente de como moldeamos nuestros cerebros para crear conocimiento de acuerdo a una forma pre-establecida por entendimiento pre-existentes, socialmente convalidados en la razón o en la costumbre o en la mera imposición de una forma de ser que se nos exige desde nuestras mas tempranas experiencias, a la luz de los ejemplos que venimos compartiendo, van determinando la mentalidad humana de este tiempo histórico. Y las, en ocasiones sutiles y en otras extremadamente marcadas diferencias entre culturas, visiones distintas e interpretaciones diferentes de cómo se vive lo individual, lo colectivo, lo humano y como esto se interpreta como formas “normales” y “buenas” de carácter universal y atemporal, en lo que se conoce como el modelo sistema mundo de comprensión de todo lo que sucede. Como entendemos lo “humano” y las características de esa humanidad que define las unidades –a modos de ladrillos o piezas- que van articulándose unas con otras en encajes casi perfectos (A los modos de los tradicionales puzles o rompe cabezas –Otro juego infantil-). Y de como esa humanidad individual construye el entramado social y la idea de mundo o planeta, hoy devenida en globalidad. Las ciencias como resultado de estas construcciones mentales y de estas formas de adiestrar el cerebro y de imponer metodologías a sus capacidades, se han desarrollado al interior de un “corralito” que se conoce como método científico. Este método se caracteriza por su desarrollo segmentado y lineal (Por piezas y siguiendo un orden de causa consecuencia en sentido lógico). Y en términos de pasos procedimentales, no solo en la acción práctica sino en la concepción mental de su desarrollo. A una observación se le formula una posible explicación (Hipótesis) se diseña una forma para reproducir artificialmente lo observado o medir y cuantificar directamente el objeto de la observación en el lugar en el que es observado, y se procede a experimentar con el objeto de modo de comprobar en esa experiencia si la explicación elaborada como posible, es confirmada o no, llegando así a una conclusión: Teoría o tesis. Esta mentalidad constructiva lineal es modificada en los años 40 por las primeras experiencias aprobadas en las comunidades científicas, de trabajos e investigaciones que intentaban utilizar saberes producidos por distintas ramas y especialidades científicas en un desarrollo transversal o planar que, sin embargo, se sometía de igual manera al método lineal que define lo científico como tal. Esto permitió, entre otras tantas, el surgimiento de la informática como la convergencia de lógica, matemática, electrónica y Física en el diseño de los primeros sistemas informáticos, pero esto supuso además la incursión por todas y cada una de las ramas del conocimiento toda vez que su programación apuntaba a ser útil a todo quehacer humano. Esto provoca y está provocando la verdadera revolución cognitiva que signa nuestro tiempo. Está cambiando el corralito en el que estamos siendo educados y dentro del cual aprendemos a interactuar con otros y con el entorno y los objetos y por ende, cambiando el corralito y las formas en la que accedemos a la interacción con la realidad, el cerebro está experimentando modificaciones, porque está aprendiendo a trabajar de otro modo. Está modificando su forma y metodología de relación al interior de sus circuitos neuronales, antes lineales, a otros multidimensionales y complejos como desarrollo de sus propias potencialidades liberadas que permiten otro orden, otras formaciones, antes imposibles de establecerse como se nos enseñaba a partir del desconocimiento de que esto otro es posible. Y si la observación de los juegos de antes nos ayuda a comprender como fuimos modelados los de antes, La observación de las formas lúdicas actuales nos dicen mucho sobre el ahora y el mañana. Los nativos digitales nos demuestran cómo se expande la acción de nuestros cerebros y la capacidad de desarrollar nociones complejas modifican toda la concepción Piaggetiana de como nuestro cerebro evoluciona en las etapas de crecimiento. Se modifica el modelo de “humano” como matriz desde la cual se plantea la socialización y la modelación individual en términos de decirle a los cerebros de qué forma y que método utilizar para generar ideas, creaciones y pensamientos y construir conocimiento. La interactividad, la multitarea, la generación de universos virtuales y realidades ampliadas, el juego de roles, modifican por completo la manera en que conocemos y adiestramos los cerebros desde muy tempranas edades. El trasvasamiento de los límites precisos de las partes de los juegos de encaje son diluidos, transformados laxos, multiformes, adaptables según determinaciones de limitaciones ciertas pero desvelando aquellas que no son tales y que permiten nuevamente reformular las formas y ordenarlas de maneras diferentes. Estamos viviendo tiempos transformadores inéditos donde toda la comprensión humana está siendo modificada a la luz de su propio devenir en las formas y en los contenidos de lo que construimos a partir de nuestras facultades cerebrales y cognitivas y del propio autoconocimiento de cómo funciona nuestro órgano rector y equilibrador de nuestra humana humanidad, desde lo individual hasta su interacción con otros cerebros iguales construyendo lo social y las mentalidades que definen y autodefinen los sistemas de conocimientos y las capacidades en expansión de las habilidades cerebrales y de sus formas, métodos y contenidos en términos de conocimiento humano. Y lo maravilloso enciende la maravilla porque son precisamente las interacciones potenciales de los cerebros más jóvenes y vírgenes, las pruebas más accesibles y “educadoras” de esto, invirtiendo el rol de los sujetos y su jerarquización, siendo lo lúdico y lo infante la fuente más natural del conocimiento humano.

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